Gracias y desgracias de un locutor español: empieza el blog
Llevo veinte años hablando solo en una habitación acolchada. Y aunque a veces casi no me puedo creer que lo hagan, ¡pero me pagan por ello! Tampoco te emociones, que aquí no se regala nada. Todo lo que sale de mi estudio, va pasando por caja.
A la habitación se le llama estudio de grabación, a lo que hago dentro se le llama locución, y a este blog le he puesto «Gracias y desgracias de un locutor español» porque este oficio es exactamente eso: una mezcla de momentos gloriosos y de catástrofes que solo tienen gracia cuando ya han pasado. Bueno, y porque soy un fan de Francisco de Quevedo y quería rendirle mi humilde homenaje a sus “Gracias y desgracias del…”
Bueno, y siguiendo con el tema. Te preguntarás: ¿Qué se siente al oír tu propia voz saliendo de la tele mientras friegas los platos? ¿Por qué un locutor puede repetir la misma frase cuarenta veces y que la toma buena sea la segunda? ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que dice «restaurante chino Gran Muralla, calidad y tradición» con la misma solemnidad que si anunciara un perfume de Dior? Pues de todo eso precisamente va este blog.
Las gracias
Las gracias de este oficio son muchas y no todas se pueden contar en horario infantil. Está la gracia de que tu voz viaje a sitios donde tú no has estado nunca: un altavoz de supermercado en Canarias, un museo en Galicia, los auriculares de alguien que escucha un audiolibro a las dos de la madrugada. Está la gracia de los encargos imposibles que acaban saliendo, de los clientes que se convierten casi en familia, y la gracia suprema: levantarte un lunes con ganas de ir a trabajar. Después de veinte años haciendo lo mismo… o no. Porque justamente rutina no es una palabra que entre dentro del vocabulario de un locutor. Cada día es una aventura diferente. Y eso no lo compra ni Amancio Ortega.
Aquí también entran las gracias que quiero hacerte a ti, que quizá algún día encargues una locución: consejos de los que ahorran dinero, tiempo y sofocos. Cómo enviar un guion, qué pedirle a una voz, por qué tu número de teléfono no cabe en una cuña de veinte segundos. Cosas que nadie te cuenta hasta que ya has pagado la novatada.
Las desgracias
Y luego están las desgracias, que son la sal de este blog. Sesiones que empezaron torcidas y acabaron peor. Guiones con trampas escondidas como minas antipersona. Modas publicitarias que arrasan con todo el sentido común por delante. Y la desgracia de moda: máquinas que aseguran hablar como yo pero que todavía no saben lo más importante que hago cuando trabajo. Y no es con mi voz. Sino que es poner corazón y sentido común a lo que hago y a lo que digo. Bueno… y respirar. Que las IAs no van muy sobradas tampoco de tomar aire.
De las desgracias se aprende más que de las gracias, y por eso pienso contarlas sin anestesia. Las mías, claro. Las de mis clientes quedan protegidas por el secreto profesional y por la piedad.
¿Qué vas a encontrar aquí cada quince días?
Un artículo nuevo cada dos lunes, en tres idiomas (castellano, catalán e inglés, que uno es de Barcelona y le gusta complicarse), y siempre de alguno de estos palos: consejos para quien contrata una voz, secretos de los guiones publicitarios, trastienda del oficio, la eterna pelea entre la voz humana y la artificial, e historias de estudio que parecen inventadas, pero que son más reales que el sablazo que me pega la Seguridad Social cada final de mes.
Si quieres saber quién es el que te habla, en la página sobre mí está la biografía oficial, con premios y todo. La extraoficial la irás descubriendo aquí, artículo a artículo. Y si lo que necesitas es una voz para tu proyecto y las presentaciones te dan igual, ve directo a contactar: presupuesto en 24 horas y cero rodeos.
Ponte cómodo, sube el volumen y pasa. La luz roja ya está encendida.
